MI PATA DE CONEJO

Tengo una maravillosa pata de conejo que me trae mucha suerte. No sé qué haría sin ella.

Trato de llevarla siempre conmigo.

Mi pata de conejo es mágica: Le puedo pedir que me dé lo que yo quiera, que haga cualquier cosa que yo quiera, o que haga pasar cualquier cosa que yo quiera, y hará que suceda. No puedo explicar cómo lo hace, pero sé que es verdad, porque funciona. Lo he visto funcionar muchísimas veces.

Desde luego, la patita sólo me concede cosas que son buenas para mí. A veces, por tonto, le pido cosas que yo no debería tener y, en su sabiduría, no me concede esas peticiones. No tengo ni idea de cómo “sabe” la patita lo que es bueno para mí, pero sí lo sabe. Es mucho más inteligente que yo, porque le pido muchas cosas que a mi me parecen buenas, pero la patita no me las permite. Por lo tanto, de alguna manera esas cosas no deben de ser buenas para mí.

Mi pata de conejo también me protege mucho. Impide que me pasen muchas cosas malas. Me estremezco al pensar en todas las terribles cosas que me habrían pasado si no hubiera tenido mi pata de conejo para protegerme.

De vez en cuando, por supuesto, mi pata de conejo sí permite que me pase algo malo. Eso es para ponerme a prueba, para ver si voy a dejar de creer en los poderes de la patita (Tengo que creer desde el fondo de mi corazón, ¡de otro modo dejará de funcionar!). Me imagino que la patita tiene que ponerme a prueba muy a menudo, porque me han pasado muchas cosas malas. Pero no me importa, porque confío cien por ciento en su juicio, que es superior al mío.

Algunas desdichas, seguramente, no son culpa de la pata de conejo, sino provocadas por los demonios y alienígenas galácticos que se apoderarían completamente de mí si no fuera por la patita —sólo está asegurándose de que no se me olvide que esas entidades malévolas están por ahí, esperando a que yo deje de depender de mi patita para protegerme.

Y a veces me pasan cosas malas porque me pongo a pensar que es una tontería depender tanto de una pata de conejo. ¡Caramba!, rápidamente me recuerda que tengo que mejorar mi actitud. Normalmente la patita me recuerda con alguna pequeñez; por ejemplo, haciendo que yo derrame una taza de café, que el coche se me quede sin gasolina o que se produzca una fuerte tormenta eléctrica. Pero yo sé que es la patita la que hace todo eso para recordarme suavemente que debo seguir teniendo confianza y fe en ella.

Pero mi pata de conejo tiene algo aún más maravilloso. Lo he pensado mucho, y me doy cuenta de que la razón por la que la patita es tan poderosa es que el conejo dio su vida para que yo pudiera tener su pata. Claro, no me merezco una pata tan maravillosa (a veces no soy tan buena persona), pero de todos modos el conejo murió por mí para que yo pudiera tener siempre su pata conmigo. Y estoy seguro de que el conejo me ha perdonado por haber tenido él que morir sólo por mi bien. Pero todavía me hacía falta comprender cómo pudo hacer eso el conejo. Y después me cayó el veinte: Ése no fue ningún conejo común y corriente. Había algún poder o fuerza que entró en el conejo para que éste pudiera ser sacrificado. ¿Y qué poder o fuerza cree usted podría hacer eso? Sólo podría haber sido el mismo poder que creó el mundo y todo lo que hay en él. ¿No le parece impresionante?

Fíjese, además, en esto: ¿Qué es casi lo peor que le puede pasar a una persona? Se muere. Pero, ¿acaso piensa usted que mi patita va a dejar que me muera? ¡Claro que no! Estoy seguro de que, en cuanto me muera, mi patita me va a resucitar, a lo mejor en un lugar más maravilloso al que jamás he ido, donde nunca me pasará nada malo. Eso es lo que mi pata hará por mí. ¡Soy tan afortunado!

No me lo puedo explicar, y es verdaderamente increíble. Cuando se lo cuento a mis amigos, se burlan de mí, diciéndome que soy supersticioso y tonto, pero yo sé que es sólo por envidia y que están tratando de hacerme dejar de creer en mi patita. No me extraña que les pasen malas cosas. Y lo peor es que, cuando se mueran, van a quedarse muertos y podridos. ¡Ja ja ja!

Pero a veces cuando le cuento a alguien lo de mi patita, parece que le interesa mucho y quiere saber dónde puede conseguir una patita como la mía. He descubierto que esa persona realmente no necesita tener una patita, siempre que crean en la mía. Esté donde esté, puede pedir a mi patita cualquier cosa que necesite y —fíjese usted— mi patita le oye y le trata de la misma manera que me trata a mí.

Pero la persona tiene que creer desde el fondo del corazón que funciona, de otro modo no funcionará.

Me da mucha lástima la gente que no tiene una pata de conejo.

- Richard Packham
- traducción por Mitch Wilson


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